lunes, 19 de diciembre de 2011
domingo, 18 de diciembre de 2011
"Víctimas de las Fuerzas del Imperio del Mal"
"Fueron víctimas de las Fuerzas del Imperio del Mal". Así de claro se mostró el Cardenal Amato en la betificación de 22 mártires Oblatos y del laico Cándido Castán, naturales de Aravaca y Pozuelo de Alarcón (Madrid).
El Cardenal puso de manifiesto que los verdugos fueron olvidados, sin embargo, “las víctimas inocentes son recordadas”. Y citó a los nuevos beatos: Francisco Esteban Lacal, Vicente Blanco Guadilla, José Vega Riaño, Juan Antonio Pérez Mayo, Gregorio Escobar García, Juan José Caballero Rodríguez, Justo Gil Pardo, Manuel Gutiérrez Martín, Cecilio Vega Domínguez, Publio Rodríguez Moslares, Francisco Polvorinos Gómez, Juan Pedro Cotillo Fernández, José Guerra Andrés, Justo González Llorente, Serviliano Riaño Herrero, Pascual Aláez Medina, Daniel Gómez Lucas, Clemente Rodríguez Tejerina, Justo Fernández González, Ángel Francisco Bocos Hernando, Eleuterio Prado Villarroel y Marcelino Sánchez Fernández.
“A estos 22 oblatos se unión en un mismo acto de generoso testimonio a Cristo el fiel laico Cándido Castán San José, muy conocido en el pueblo de Pozuelo, por su claro testimonio católico”, añadió.
jueves, 8 de diciembre de 2011
¡Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta, España de rodillas, te ofrece el corazón!
Señora Inmaculada de las gentes de España.
De victoria en Lepanto, de dolor en Rocroi,
rezada a flor de espadas desde el mar de Corinto
a la ribera virgen del río Paraná.
¡Señora Inmaculada de los indios ingenuos
y del hidalgo altivo y de la Inquisición!
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España, de rodillas, te ofrece el corazón.
¡Señora Inmaculada del Pilar Jacobeo!
Consuelo de amarguras en empresas de amar.
El fruto que sembraste para la fe de Cristo
salido de tus manos, ¿no había de granar?.
¡Señora Inmaculada del apóstol del Trueno,
de la hazaña difícil y la tribulación!.
Viniste a Zaragoza para salvar a España,
y España, desde entonces, parece una oración.
¡Señora Inmaculada de los Picos de Europa!
¡Cuántos te parecían pues cuanta era su fe!
Y vino de los cielos tu auxilio y la victoria
del Dios de las batallas, del Santo, de Yahvé.
¡Señora Inmaculada de esperanzas de patria!
Se eleva una plegaria de Asturias a Aragón.
Sus ecos en las rocas, los bosques y los muertos
hablaron en romance y hablaron en canción.
¡Señora Inmaculada de la Santa María,
de los vientos propicios y de la tempestad!
Temblando amor de madre llegaste al nuevo mundo
y el indio fue el hermano y Cristo la verdad.
¡Señora Inmaculada del santo misionero,
de los conquistadores y del emperador!
Resuena aun el Caribe las voces de Triana
y rezan todavía los indios al Señor.
¡Señora Inmaculada del indio mejicano!
América es España, y España es para ti.
El inca y el azteca cayeron de rodillas
y fue el Ave María caricia en guaraní.
¡Señora Inmaculada de la Rosa de Lima,
de García Moreno, de la persecución!
Son hijos de españoles, amándote nacieron:
no saben de mentira, ni saben de traición.
¡Señora Inmaculada del Valle de los Muertos,
del niño asesinado y el viejo requeté!
Ganaron la victoria, la sangre y el martirio
de la España de Cristo por la España sin fe.
¡Señora Inmaculada del muerto por la vida!
En tus brazos de madre morir es salvación.
Y la semilla santa rebrota en patria nueva
con ecos del Prudente y voz de Calderón.
¡Señora Inmaculada de la historia de España!
Tu misma nos la hiciste y huele a santidad.
Derrotas son honores, que las guerras de Cristo,
se ganan en el cielo y allí está la verdad.
¡Señora Inmaculada!. Somos aquellos mismos
que siglos defendieron tu pura Concepción.
Como ayer, como siempre, como cuando hizo falta,
España de rodillas, te ofrece el corazón.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
"Rocroi. El último tercio" (Augusto Ferrer-Dalmau)

El perro de Rocroi (Arturo Pérez-Reverte )
XLSemanal - 24/10/2011
La vida concede ciertos privilegios, y tener algunos amigos leales, sólidos como rocas, es uno de los míos. Entre ellos se cuenta el mejor de los pintores de batallas españoles vivos: se llama Augusto Ferrer-Dalmau, y llegué a su amistad por el camino más corto: la admiración que siento por su obra. Un día fui a una exposición suya y se lo dije. Le hablé de cómo, en mi opinión, su pintura continúa y renueva una tradición clásica que en España, con breves excepciones, tuvo escasa fortuna. Pocos de nuestros pintores se ocuparon de un género que en Francia tuvo a Meissonier y a Detaille, y en Inglaterra a Caton Woodville. Por ejemplo.
Ahora Ferrer-Dalmau ha terminado un cuadro espléndido, que estos días puede admirarse en una exposición que sobre su obra y la de su paisano Cusachs se celebra en el venerable edificio de Capitanía de Madrid, esquina de Mayor con Bailén. Se llama `Rocroi. El último tercio´, y narra -pintar con talento es una forma de narrar tan eficaz como otra cualquiera- la situación en el campo de batalla de Rocroi hacia las diez de la mañana del 19 de mayo de 1643, cuando los veteranos de la destrozada infantería española, formando el último cuadro, esperaban impasibles el ataque final de la artillería y la caballería francesas. Último ataque, éste, que no llegó a producirse. Admirado el duque de Enghien por la resistencia de los españoles -murallas humanas, los llamaría Bossuet- permitió a los supervivientes capitular con todos los honores, en los términos que se concedían a las guarniciones de plazas fuertes.
El cuadro de Rocroi tiene para mí un sentido especial, pues nació de una conversación con el pintor mientras despachábamos un cordero con cuscús en un restaurante de Madrid. Un lienzo crepuscular, fue la idea, que reflejase la soledad y el ocaso, la derrota orgullosa, el impávido final simbólico de la fiel infantería que durante dos siglos, desde los Reyes Católicos a Felipe IV, hizo temblar a Europa. El retrato riguroso de aquellos soldados empujados por el hambre, la ambición o la aventura, que acuchillaron el mundo caminando tras las viejas banderas, desde las junglas americanas a las orillas lejanas del Mediterráneo, de las costas de Irlanda e Inglaterra a los diques de Flandes y las llanuras de Europa central: hombres brutales, crueles, arrogantes, amotinadizos y broncos, sólo disciplinados bajo el fuego, que todo lo soportaban en cualquier degüello o asedio, pero que a nadie -ni siquiera a su rey- toleraban que les alzase la voz.

Mete un perro en el cuadro, sugerí más tarde, cuando el artista me mostró los primeros bocetos: uno que, como sus amos, se mantenga erguido esperando el final. Un chucho español flaco, pulgoso, bastardo, que siguió a los soldados por los campos de batalla y que ahora, acogido también al último cuadro, abandonado por su patria y sin otro amparo que sus colmillos, sus redaños y los viejos camaradas, espera resignado el final. Y píntalo tan desafiante y cansado como ellos.
A Ferrer-Dalmau le gustó la idea. Y ahora he visto el cuadro acabado, y el perro está ahí, en el centro, entre un veterano de barba gris y un joven tambor de trece o catorce años que el artista ha pintado rubio porque, naturalmente, es hijo de madre holandesa y de medio tercio. En el lienzo no figura el nombre del perro; pero Ferrer-Dalmau y yo sabemos que se llama Canelo y es un cruce de podenco y galgo español de hocico largo y melancólico, firme sobre sus cuatro patas, arrimado a sus amos mientras mira las formaciones enemigas que se acercan entre el humo de la pólvora, dispuestas al ataque final. Vuelto a los franceses como diciéndose a sí mismo: hasta aquí hemos llegado, colega. Es hora de vender caro, a ladridos y dentelladas, el zurcido pellejo. El cuadro es soberbio, como digo. O me lo parece.
Retrata a la pobre y dura España de toda la vida: el soldado ciego con una espada en la mano, al que un compañero mantiene de pie y vuelto hacia el enemigo; los que rematan sañudos a los franceses moribundos; el tranquilo arcabucero que sopla la mecha para el último disparo; el desordenado palilleo de picas que eriza la formación, tan diferente a las victoriosas lanzas que pintó Velázquez. Y sobre todo, la expresión de los soldados que miran al enemigo-espectador con rencor asesino. Acércate, parecen decir. Si tienes huevos. Ven a que te raje, cabrón, mientras nos vamos juntos al infierno. Realmente da miedo acercarse a esos hombres; y uno entiende que les ofrecieran rendirse con honor antes que pagar el precio por exterminarlos uno a uno. Son tan auténticos como el buen Canelo: españoles desesperados, tirados como perros, olvidados de Dios y de su rey. Y pese a todo, arrogantes hasta el final, fieles a su reputación, temibles hasta en la derrota. Peligrosos y homicidas como la madre que nos parió.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
El P.S.O.E. profana tumbas.
P. D. Anselmo Álvarez
La Iglesia celebra hoy en toda la cristiandad, y para la generalidad de los hombres, la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. En este día la Iglesia reitera cada año la proclamación de que Jesús, por designio del Padre y por exigencia de su propia naturaleza divina, es Señor de la historia, de la sociedad y de los corazones humanos. Porque ellos son obra de Dios; porque de Él reciben su ser, su destino y su ley; porque esta humanidad ha sido recreada y salvada por Cristo gracias a Su muerte y resurrección, y finalmente porque Él será el “Juez de vivos y muertos”, como le podéis contemplar en la figura sedente y mayestática de la cúpula.
Yo os invito hoy a todos vosotros, entre los que os encontráis los que habéis venido a uniros en una oración común por las almas de Francisco Franco y José Antonio, en el aniversario de su muerte, a que reconozcáis, con la palabra y con la vida, al que es Señor de los señores, el origen y fundamento del orden humano, sobre el que descansa la justicia y rectitud del mismo. Él es Cristo Rey. Un título especialmente querido por muchos de vosotros y que tiene todas las resonancias que seguís recordando. Pero en ese título se compendian muchos otros de los rasgos que conforman la figura de Cristo como piedra angular de toda construcción humana. Él es Cabeza de la humanidad, cimiento y cumbre de la historia y del mundo, del pasado y del futuro; clave de bóveda y centro en el que convergen todas las direcciones humanas. “Nadie puede poner otro fundamento” distinto al que ha sido establecido (1 Cor 3, 11), y cuando se intenta sólo erigimos estatuas con pies de barro, como todas las que hemos levantado hasta ahora a la gloria del hombre, o del Estado, o del orgullo y el poder que aspiran a suplantar a Dios.
Desde hace mucho tiempo venimos intentando abolir o falsear el reinado de Cristo, pero eso sólo conduce a su sustitución por la hegemonía del Príncipe y de los príncipes de este mundo, que en el lenguaje de la Escritura representan el poder de las tinieblas y del mal. Algo de lo que los hombres de nuestro tiempo tenemos una experiencia directa. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (…), proclamaron los apóstoles ante esos poderes del mundo. Y nosotros hemos aprendido de nuestra historia que es mejor pertenecer al reino de Dios, cuyas leyes son sabiduría y prudencia, y en el cual los hombres constituimos “una raza elegida, un pueblo de reyes y sacerdotes” (Hch 5, 29), en lugar de quedar reducidos a una masa de la que sólo se espera el tributo de sus votos y de sus impuestos. El de Cristo es el reino del espíritu, de la libertad en la verdad, de la reconciliación y la unidad, de la justicia y del amor.
“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra” (Mt 28, 18), afirmó Jesús momentos antes de ascender a los cielos. Un poder y un reino que no son como los de este mundo, según Él mismo declaró, pero que sí obedecen al propósito de que “todo tenga a Cristo por Cabeza” (Ef 1, 10)), a fin de que todas las cosas y toda la humanidad caminen al unísono con quien es el Guía y conductor de su propia creación.
En ello está la garantía de nuestra sabiduría en las decisiones que conciernen a los asuntos humanos. Y en ello está también la condición de la unidad y de la paz de los hombres y los pueblos entre sí: en el reconocimiento de un solo Dios y Padre cuyo autoridad y señorío abarca a toda la familia de los hombres, y cuyo amor está llamado a regir el recto orden de las relaciones humanas. Un amor exigente e insobornable que funda la dignidad y la justicia, la libertad y la paz de la sociedad. Así se construye el Reino de Dios y en él la sociedad de los hombres.
Pero entenderlo así requerirá un giro decisivo en la conciencia de todos, una especie de nuevo nacimiento como el que Jesús propone en el Evangelio: “si no naces de nuevo no podrás acceder al reino de Dios” (Jn 3, 3).Todos estamos de acuerdo en que es necesaria una resurrección de nuestro pueblo, para lo que es imprescindible que renovemos nuestro viejo tronco con la savia que lo ha fortalecido durante tantos siglos.
España será otra vez ella misma cuando ‘vuelva a nacer’, cuando reconozca el camino de retorno a la Casa del Padre y sepa de nuevo dar a Dios lo que es de Dios, y en Él encuentre la inspiración y la fuerza para reconducir sus caminos de acuerdo con su Ley. Una España que no siga empeñada en desconocerse, en alterar los datos sustanciales de su historia y de su entidad como nación.
Es una condición inscrita en las entrañas de la historia: lo que no tiene el impulso y el destino de Dios camina a la nada. Decía Benedicto XVI, en una alocución reciente: “Dios-Amor lleva en sí una esperanza invencible que permite al creyente atravesar con una lámpara de luz la noche de la muerte… Si quitamos a Dios, si quitamos a Cristo, el mundo cae en el vacío y en la oscuridad”.
Lo cual es extensible a una de las urgencias que siguen pendientes entre nosotros, como es el logro de una reconciliación completa y definitiva de nuestra sociedad. No hay paz donde no hay lugar para quien es “Padre y Príncipe de la Paz”, como los profetas llamaron a Cristo, de quien en el Nuevo Testamento se afirma que fue enviado para “traer la noticia de la paz; paz a los de lejos y a los de cerca” (Ef 2, 11).
Esta es la causa a la que sirve esta institución del Valle. En él se ha escrito una invocación a la Unidad, la Paz y la Reconciliación, escrita en las piedras que componen los únicos símbolos auténticos del Valle: la Cruz, esta Basílica que podríamos denominar Basílica de la Paz, y el Monasterio donde se ora permanentemente por la concordia y la prosperidad, la unidad y la fe de los españoles. Que desde este Valle de la Cruz y desde esta Basílica de la Paz descienda sobre toda España la bendición de Aquel cuyo “nombre eterno es “Paz en la Justicia, Gloria en la Piedad” (Ba 5, 4). Que Dios ilumine también vuestra elección en el día de hoy.
NOTA DE PRENSA DE LA ASOCIACIÓN PARA LA DEFENSA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
http://www.elvalledeloscaidos.es/portal/
La Asociación Para la Defensa del Valle de los Caídos, en relación al dictamen de la mal llamada comisión de expertos, hecho público hoy en rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa , quiere manifestar lo siguiente:
1.- Esta comisión, desde su origen, y máxime tras las recientes elecciones generales, carece de objetividad para la emisión de dictamen alguno porque no reúne las condiciones de objetividad e imparcialidad que la Ley y la Constitución exigen.
2.- El dictamen es contrario a derecho tanto en el fondo como en la forma en que se ha producido, basta tener en cuenta que el Ministro de la Presidencia, Sr. Jáuregui, anticipó las conclusiones de la comisión hace meses en un programa de la Sexta TV.
3.- Los miembros de la citada comisión, y cuantos hayan intervenido en sus deliberaciones, rendirán cuentas ante la Justicia, tanto de dichas conclusiones como de la forma en que se han producido en función de su participación.
4.- Esta asociación reitera que los restos del anterior Jefe del Estado Español, van a descansar en Paz en el Valle de los Caídos de la misma forma en que están descansando los de Azaña o Negrín en sus correspondientes lugares.
5.- Este dictamen sólo responde al capricho del Gobierno en funciones que trabaja para producir de nuevo odio y enfrentamiento entre la población civil por temas ya superados.
6.- Cómo esta Asociación ya advirtió desde el principio, ahora se ven claras las verdaderas intenciones del Gobierno desde el primer día de cierre del Valle de los Caídos.
7.- Por último poner de manifiesto con toda claridad que el Valle de los Caídos en su grandeza monumental, cultural, religiosa e histórico artística, es un lugar de Paz y reflexión y en consecuencia de Reconciliación, y esta asociación no va a consentir la desnaturalización de este carácter.
Madrid, 29 de noviembre de 2011.